JUAN MATEO | DIRECTOR DEL INSTITUTO SUPERIOR DE NEGOCIACIÓN DE LA UNIVERSIDAD FRANCISCO DE VITORIA

El hombre, como las ideologías, es efímero; nace, se desarrolla y muere. Sin embargo, ese extraño ser que habita el planeta Tierra siempre se hace las mismas incontestables preguntas: ¿después de la muerte existe algo? ¿Tiene sentido todo esto? ¿Nos sirve vivir para algún fin?juan mateo.jpg

La historia nos demuestra que cada época tiene sus propias respuestas: ancestralmente todo se resolvía con dioses y demonios. En la Europa Medieval todo estaba predeterminado y escrito en un manuscrito que sólo Dios podía leer. Hoy, a principios del siglo XXI, en un mundo que podemos definir como individualista y hedonista, buscamos las respuestas en un gran “supermercado de las creencias” y sus estanterías rebosan de producto listo para llevar. Una “Boutique del Gourmet” que nos despacha aquello que necesitemos y nos lo envuelven con lazos de colores.

Quizá la Física Cuántica, ciencia que se sustenta en el “Principio de Incertidumbre” que enunció W. Heisenberg y que determina que el Universo, a escala subatómica, es fundamentalmente incognoscible e impredecible, nos puede llevar a entender mejor qué nos ocurre, pues los místicos de esta “New Age” han añadido, a este Principio, que el comportamiento de las partículas está sometido a la conciencia humana; o dicho de otra forma, que con el solo hecho de desearlo podemos modificar la realidad que nos rodea, al igual que un “observador” es capaz de modificar el comportamiento de un electrón en los experimentos de laboratorio. Esta nueva filosofía pretende inculcar que el deseo es la palanca que mueve el mundo y el que transforma la realidad, y eso es una media verdad peligrosa que no hace más facilitarnos ese sueño de poder alcanzar lo que deseamos, sin necesidad de esforzarnos en conseguirlo.

Sin duda, el deseo es un motor maravilloso… ¡Para ponernos en marcha! Sin embargo, nuestra capacidad para mantener el “movimiento” no sólo depende del deseo sino, y fundamentalmente, de nuestra capacidad de esfuerzo, de sacrificio y de disciplina. El problema es que estas tres palabras no las compra nadie hoy en día; es más fácil agarrarse a las teorías que nos prometen que con sólo desearlo seremos capaces de tenerlo. El “buenismo” y el seudo-conocimiento han inundado nuestro mundo a través de creencias facilonas que prometen el paraíso sin condiciones previas y… así nos va. El derecho sin deber alguno, el deseo frente al esfuerzo, el “facilismo”.

Deseos, sueños… ¡Por supuesto! Pero alguien debe recordar al mundo que sin martillo y cincel una roca no se transforma en una escultura por mucho que lo deseemos.

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