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Imaginemos que un Terminator enviado del futuro, llegase en estos instantes al presente, con el objetivo de exterminar al futuro líder de la Resistencia Humana. ¿Cómo lo encontraría? La respuesta es simple: En Google o buscando su perfil en alguna Red Social.
Desde que ese Bebé 3.0 comenzó a gestarse, unas cuantas empresas empezaron a seguir su rastro para intentar convertirlo en un futuro cliente. Incluso antes de nacer, ya estaba “conectado”. Sus padres comenzaron a crear su huella digital desde las primeras ecografías enviadas por Whatsapp, Facebook, Line o Talk a su círculo de amigos.

A partir de ese preciso instante, sus hábitos de consumo (pañales que usa, comida preferida, marca del carrito de coche, etc) sus necesidades, sus movimientos y posteriormente sus comunicaciones, sus ideas, sus conocimientos… quedarán almacenados para la posteridad de la humanidad. El simple hecho de existir, lo ha “condenado” de por vida a evolucionar de Homo Sapiens Digital a TecnoDependiente.

Probablemente, muchas de las cosas que nosotros hemos visto durante los últimos 25 años en películas de Ciencia Ficción, va a experimentarlas en persona. Sin duda, va a tener el mundo en sus manos o acceso a este, desde algún tipo de dispositivo que en breve, podría estar insertado en su cuerpo. Dispondrá de la geolocalización exacta al milímetro de cualquier objeto que desee y por supuesto, el resto de personas, también lo tendrán del suyo. Si no es con su consentimiento, será con la excusa de su seguridad.

Tendrá acceso instantáneo a cualquier conocimiento que haya atesorado la humanidad desde sus orígenes. No solo eso, también conocerá el precio exacto de cualquier producto, cuáles son sus gustos respecto a cualquier servicio contratado de sus conocidos, amigos u otros compradores que hayan compartido su experiencia de consumo.
Otro de los datos que compartirá, será el estado anímico de cuando usó un servicio/producto y la salud con la que lo disfrutó. Cuantos kilómetros recorrió cualquier día, el trayecto realizado, qué otras cosas estaba consumiendo simultáneamente, cómo durmió la noche antes, que estaban viendo o que escuchaba antes de cerrar los ojos,…
Pero, ¿será consciente de toda esa gran cantidad de información que están transmitiendo al resto de amigos y desconocidos sobre el todo? Porque sus datos, ese “conocimiento compartido”, puede que sea la divisa del futuro.
Todo estará organizado en comunidades de compradores, de usuarios VIP o básicos, de Fans o detractores, de enemigos o amigos de cualquier cosa imaginable. Entonces, con mucha probabilidad, emociones como la confianza, la sorpresa, la satisfacción de los usuarios respecto a cualquier producto o servicio, sea el impulso final que necesite ese cliente para tomar una decisión de consumo.

Pensemos que toda esa información será almacenada y procesada para predecir sus movimientos, gustos, tendencias e incluso utilizar los sentimientos generales incluso con la excusa de prever delitos.

El cliente del futuro, está naciendo en estos momentos.

Por Javier Sirvent

Conferenciante de la IV edición del Congreso de Mentes Brillantes Su ponencia: El presente fue Ciencia Ficción (*I parte)

Conferenciante de la IV edición del Congreso de Mentes Brillantes
Su ponencia: El presente fue Ciencia Ficción (*I parte)