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Hace pocos días hablé en El Ser Creativo. Pero para mí eso no tuvo tanta importancia como lo que escuché. Me vino bien una inyección de entusiasmo y buenas ideas en ese preciso momento. Esa misma mañana viajaba hacia Melilla, para comenzar a rodar ahí la película documental “Muros”. En El Ser Creativo planteé la pregunta que hay tras la película: ¿qué clase de mundo estamos construyendo? Nada más llegar a Melilla me hice de nuevo esa misma pregunta: frente a mí estaba la inmensa valla que divide Europa de África.

Regresé ayer y hoy escribo este texto. He estado comiendo con un grupo de subsaharianos que, en el monte Gurugú, se preparan para intentar saltar la valla. He visto sus heridas, tras varios intentos por cruzar a Europa. Al otro lado, he compartido el día a día de varios agentes de la Guardia Civil. Cumplen de manera resignada lo que se les ha encomendado: vigilar la valla día y noche. He hablado con el operario que estaba instalando la polémica concertina. En todos los casos me he encontrado con personas preocupadas por el futuro de los suyos, desconcertadas por la situación que les ha tocado vivir, personas buenas llenas de una simple ambición, ser felices y vivir en paz. A ambos lados de la valla he encontrado personas que comparten muchas más cosas que las que les separan.

He regresado convencido de que la película que estamos comenzando es más necesaria que nunca. Cada día se construyen varios cientos de metros de vallas, alambradas y muros en algún lugar del mundo. Su objetivo es dividir a las personas que están a uno u otro lado. Las fronteras son cada vez más físicas y más infranqueables. Me gustaría llamar la atención sobre este hecho, que considero un fracaso de la humanidad.

Al mismo tiempo, he disfrutado enormemente al confirmar lo que sospechaba al comienzo: a uno y otro lado todos compartimos similares anhelos y aspiraciones. He compartido mesa, tiempo y conversación con personas divididas por alambradas, vallas, fosos y cuchillas, pero unidas por cosas más fuertes y más resistentes al paso del tiempo. En eso que nos une está, creo, la clave para construir un mundo más armónico.

Esta semana pasada hizo mucho viento en Melilla. El aire, al circular libre, hacía un sonido precioso entre los cañaverales. Pero al encontrarse con la valla generaba un aullido extraño, un sonido de metal oxidado y retorcido. Mientras rodábamos, uno de los guardias que estaba vigilando cerca de nosotros comentó, en voz baja: ya está aullando el monstruo.

En El Ser Creativo se encuentran ideas que sirven para cambiar un poco el mundo. Patarroyo me comentó, tomando un café, que en la diversidad de las personas está la clave para resistir a las epidemias. Me gustaría, con nuestra película documental “Muros”, presentar los síntomas de esta enfermedad que afecta al mundo que estamos construyendo, proponiendo al mismo tiempo algunas claves para su cura, para acabar con el monstruo.

Por Pablo Iraburu

Conferenciante de la IV edición del Congreso de Mentes Brillantes

Conferenciante de la IV edición del Congreso de Mentes Brillantes